Tierra de Conquistadores y Centinela de la Historia. Soy el perfil de piedra de mi Ciudad Monumental, el tercer conjunto medieval mejor conservado de Europa, y el asombro del Monasterio de Guadalupe, donde la fe y el arte se fundieron para bendecir nuevos mundos. Soy la soberbia silueta de Trujillo, cuna de linajes que cruzaron océanos, y la nobleza de Plasencia vigilando el cauce del Jerte. Soy el blanco puro de los cerezos en flor que cada primavera visten mis valles y el aroma a pimentón que viaja desde la Vera hasta el último rincón de la meseta.
Hoy te hablo desde la mística de Monfragüe, donde el buitre leonado patrulla un cielo de libertad, y desde la paz de mis Hurdes, que de leyendas y pizarras forjaron su orgullo. Porque bajo este manto de dehesas infinitas y encinas milenarias late un corazón que ha sabido ser frontera y puente. No me mires solo como una reliquia del pasado o un destino de naturaleza; mírame como la raíz de un carácter indomable que hoy necesita que tú también te levantes para defender su equilibrio y su futuro.
Desde la elegancia de Hervás y su barrio judío hasta el rincón más profundo de Gata, desde el Puente de Alcántara que los romanos alzaron para la eternidad hasta la soledad de mis dólmenes, ya hay quienes han decidido que el olvido no es una opción. No caminamos solos; llevamos con nosotros la memoria de generaciones que nos precedieron, de aquellos que con manos curtidas por el aire de la sierra y el arado levantaron fortalezas y cuidaron cada cañada real cuando la vida era un desafío constante. Ellos son ahora el murmullo de mis gargantas y el aliento que agita mis alcornocales.
Fui cuna de imperios y llave de la Vía de la Plata, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de piedra y luz. ¿Estás listo para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que Cáceres necesita?